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PELIGROS DE LA IGNORANCIA

Si el caballero hubiese preguntado antes de atacar... Humanos...

Ahora yacía gravemente herido y sólo pudo ver cómo la princesa rechazaba de un manotazo la
rosa que le ofrecía su asesino antes de desvanecerse.

Cuando el dragón despertó, no entendía dónde estaba. Por encima de su cabeza, había una
bolsa llena de un líquido que le pareció sangre y viajaba hasta su pata mediante un tubo. A su
lado, la princesa le sonreía.

- Debería estar muerto —, balbuceó incrédulo.

- No iba a dejar que la ignorancia nos amargue el cuento —, respondió ella.

Él le apretó la mano y susurró:

- Gracias. Ojalá más como tú.

 

FIN